1 de diciembre de 2011

2 modos de vivir el Día Mundial del Sida

Mercedes tiene el virus del Sida, tener esta enfermedad no le ha impedido poder llevar una vida normal. Hace seis años tomó la decisión de quedarse embarazada a pesar de tener VIH. Se infectó con el virus cuando tenía 18 años a causa de las drogas, "Por la mañana hago mi trabajo, soy portera y me encargo de la limpieza de mi portal, luego preparo la comida de mi hija. Por la tarde, la llevo unos días a natación y otros a clases de baile oriental. Llevamos una vida muy normal".

A las dos semanas de nacer su hija, la analítica mostraba que la pequeña no había sido contagiada por su madre, los resultados aún así ponían de manifiesto que sólo la sangre de Rosa tenía los anticuerpos heredados de la madre, pero no el virus.  Su hija, está presente en todas las paredes de su casa. Se trata de una niña "con carácter y espabilada. Nos ha traído unas notas de sobresalientes y notables. Estamos muy contentos. Es un solete", presume la madre. Su hija nació con anticuerpos. "Cuando el pediatra del hospital me dijo que era positiva se me vino el mundo encima. No supe reaccionar ni preguntarle más. El sentimiento de culpabilidad superó todo lo demás en ese momento", afirma.

Aún así el riesgo cero no existe en medicina, los expertos afirman que la posibilidad de infección al feto, cuando la madre es seropositiva está bien controlada con el tratamiento antirretroviral, es baja y está entre el 0,5 % y el -1%. El 70% de las parejas tratadas, ha conseguido el embarazo y en ningún caso se ha producido transmisión ni al otro miembro de la pareja ni al feto. 

La normalización de la enfermedad en la sociedad hizo que las parejas infectadas se fueran planteando la posibilidad de tener hijos. Muchos centros sanitarios tienen programas de consejos reproductivos que asesoran a las parejas de las opciones que tienen y de los riesgos.  Por un lado, pueden irse a un centro de reproducción asistida para minimizar la posiblidad de contagio, bien con inseminación artificial o con lavado de semen, si es él quien tiene la infección. Pero muchas no eligen esta opción, porque no tienen tiempo (la vía pública tiene una lista de espera de años) o porque no pueden gastarse tanto dinero. 

Sin embargo encontrar hospitales con estos protocolos específicos no es habitual. Aunque la demanda se ha regularizado en los últimos años en las unidades de enfermedades infecciosas del país. Es un tema tratado en consultas y está dentro de la práctica clínica habitual.
Tal y como señalaba recientemente en las IV Jornadas EVhA, un encuentro nacional de mujeres con VIH, "a comienzos de la década de los noventa no se recomendaba tener descendencia y actualmente ha aparecido la posibilidad de tener una familia sin que exista apenas riesgo de transmisión al feto y sin riesgo de efectos secundarios. Hoy en día existen tratamientos antirretrovirales que han demostrado su eficacia y seguridad en mujeres embarazadas con VIH".
Para esta especialista lo peor sigue siendo el estigma: "El paciente ha perdido el miedo a la muerte pero tiene miedo a la muerte social porque la sociedad ha cambiado muy poco".

Pero para algunos el precio de la medicación e incluso tener una consulta, es prohibitivo y exclusivo. En el mundo hay unos 30 millones de infectados por el VIH, el 70% vive en África.
A Regina le transmitió el VIH su madre. "La conocemos desde pequeña", dice una enfermera. "Tomo los antivirales desde los nueve años", afirma la joven. Pero ella ha conseguido ser madre sin transmitir el virus a su hija, rompiendo así la cadena por uno de sus eslabones más débiles.

Según el estudio de Onusida, agencia de Naciones Unidas creada para tratar esta pandemia, el 70% de los más de 30 millones de personas con VIH en el mundo, viven en el continente africano. De las 260.000 personas con el virus en alguno de los países, el 60% son mujeres.

A Regina, el padre de la niña la abandonó justo después de dar a luz. Ella vive en casa de una tía. "No puedo trabajar", se queja. Cada dos meses tiene que ir al hospital a por pastillas. En Ghana, un país donde el 2% de la población adulta está infectada (en España la tasa es del 0,5%), solo el 60% de las personas que lo necesitan reciben el tratamiento. Y eso se considera un éxito de los programas de ayuda, ya que la media mundial está en el 47%, según Onusida. Además, Regina, por ser madre, lo recibe gratis, algo que muchos de los otros afectados que van a la misma clínica, como Richard Adzati, no pueden decir. A él le cuesta unos 2,5 euros al mes. Nada comparado con lo que tendría que pagar un español por la misma medicación (alrededor de 580 euros mensuales), pero una cantidad que para este hombre de 44 años con tres hijos a su cargo puede resultar prohibitiva.

Pero el éxito del tratamiento de Regina no es habitual. Se debe ante todo a un cambio de las pautas del tratamiento explica una de las enfermeras que trabajan en ello, "A todas las mujeres que vienen a la clínica se les hace la prueba del VIH. Si están embarazadas y dan positivo, el tratamiento empieza a las 14 semanas de gestación. Y se mantiene durante un año después del parto. Así se consigue que la carga viral se reduzca, y que puedan amamantar a sus hijos seis meses, que es lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud", explica.

Un 6% de los niños acaban infectados, aún así este dato es mejor que lo que había antes. Además tiene la ventaja de que permite mantener la lactancia, una manera más barata, segura y efectiva de alimentar a los bebés en países como Ghana. Todo estos “ avances” se enfrentan a una dura amenaza. Con la crisis económica que sacude a todas las naciones del mundo, algunos países están llevando a cabo una campaña de boicoteo. España por ejemplo ha recortado o en algunos casos cancelado sustancialmente su ayuda al Fondo Mundial. Algunas organizaciones mundiales han calificado esta situación de homicidio los recortes en unos programas que han conseguido llevar tratamientos a más de 2,5 millones de personas, evitar 800.000 casos de transmisión materno-fetal del VIH y repartir 1.800 millones de preservativos. Sin contar los 6 millones de personas con tuberculosis tratadas o los más de 100 millones de casos de malaria.

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