La Comunidad Internacional continúa la presión contra el ejecutivo de Bachar el Asad
La mayoría de la población siria teme el conflicto generalizado
El pasado 18 de noviembre Francia y Turquía continuaban con la presión diplomática sobre el régimen sirio, hasta ahora la represión del gobierno de Bachar el Asad ha causado más de 3.500 muertos según las cifras que baraja la ONU. Alain Juppé, ministro de Exteriores francés declaraba en la capital turca que son necesarias sanciones más duras a Siria , mostrándose incrédulo ante la voluntad del régimen sirio que apostaba por el diálogo para así frenar la matanza a civiles.
Por su parte el homólogo turco en funciones, Ahmet Davutoglu advertía que si los ataques contra los ciudadanos continuaban, habría que llevar medidas que oscilaran sanciones económicas.
Tras violar el acuerdo con la Liga Árabe en el que se postulaba el fin a la represión y de haber sido posteriormente suspendido de la organización, el régimen sirio intenta poner resistencia al envío de una misión de observadores para evaluar la puesta en marcha del plan de paz. Si este plan no se lleva a cabo, la Liga Árabe sancionará a Siria. El plan de paz pactado con Damasco, exige la retirada del Ejército de las ciudades rebeldes así como el cese de la represión. También se recoge el necesario diálogo con la oposición dentro en un período cercano de tiempo.
La comunidad internacional vela por proteger los derechos humanos en la región Siria, uno de los principales bastiones geopolíticos tras la oleada de revolución en el mundo árabe. A pesar de la encrucijada, en la que se encuentran actores internacionales de toda índole, que oscila entre salvar vidas humanas o rescatar los bienes económicos en Siria, la mayoría de la población siria se encuentra silenciada por el radicalismo de la oposición de Bachar Al Asad.
Un funcionario sirio declaraba que al principio simpatizaba con las protestas, pero al descubrir la naturaleza violenta cambió de parecer. Reclama alternativas que no recaigan en los errores del gobierno en crisis. Es uno de los argumentos de la llamada “mayoría silenciosa” entre los que se encuentran algunos críticos con la dictadura de Bachar el Asad.
“Por supuesto que hace falta un cambio político. Necesitamos libertad de prensa, partidos políticos y, sobre todo, transparencia para acabar con la corrupción”, apunta un analista que pertenece a la minoría drusa. El interlocutor teme sin embargo que “el atajo de un cambio radical, sin una transición organizada” le arranque de paso los derechos individuales de los que disfruta en una Siria nominalmente laica.
Pero otros mantienen una postura reacia con la actuación de los islamistas, que aparecen como el núcleo del opositor Consejo Nacional Sirio, según muchos “van a cargarse muchos avances” “No me fío de sus promesas y lo que está pasando en Túnez o en Egipto tampoco resulta alentador”, subraya. “Después de 40 años de dictadura, no tenemos cultura política. Necesitamos crear instituciones antes de hacer el cambio”, añaden.
Mayed Nyazi, presidenta de un recién formado Movimiento Siria la Patria, movimiento que busca tender puentes entre opositores y leales, muestra su preocupación por la “toma de poder” por parte del grupo islamista. “Un partido único es inaceptable, pero el extremismo islámico no nos conviene”, señala.
Por otra parte, el abogado y activista de los derechos humanos Anwar al Bounny considera que el miedo a los islamitas es exagerado, argumenta por ello que un 40 % de la población siria pertenece a minorías y del 60 % que son árabes suníes no se preocupa de la religión, según él el voto de los islamistas no impondría su sistema. Apunta además que el lenguaje adoptado por los islamistas entronca con la concepción social del momento, sociedad civil y democrática así definen los islamitas a la futura sociedad siria.
A pesar del posible caos que supondría el factor islamista en un proceso democrático, en la sociedad siria existe el temor al desorden que puede generar un levantamiento generalizado que desencadene una guerra civil. “Este régimen nos ha protegido, nos permite celebrar nuestras fiestas y vivir tranquilos. Me da miedo lo que puede venir”, afirma M., una cristiana casada con un extranjero. “Hemos perdido la seguridad”, afirma por su parte un policía. “Si este país está bien, es porque su líder está bien”, declara el padre de un soldado herido.
“Lo entiendo. El 95% de quienes tienen menos de 65 años no ha conocido la libertad. Sólo ha oído hablar de ella y cualquiera tiene miedo de lo desconocido”, justifica Al Bounni. “Cuando el cambio se produzca, estoy convencido de que lo respaldarán”, manifiesta. Para él es sólo una cuestión de tiempo. Nyazi sin embargo opina que aún están a tiempo de evitar un vuelco radical y que percibe como impuesto desde fuera (“en Occidente no les importan nuestros derechos sino sus intereses”). “Nunca es demasiado tarde”, concluye.
Turquía juega un papel clave en este conflicto. Antiguo aliado de Damasco, su situación geográfica y las relaciones fluidas entre los actores implicados, la convierten en un Estado con el que la Liga Árabe y Francia mantienen diálogos oportunos. Hasta ahora el gobierno turco ha actuado precavido aunque el ataque a sus sedes diplomáticas en Alepo y el recrudecimiento de la crisis han hecho que Ankara dicte las palabras más duras y las medidas de mayor peso hasta la fecha. El pasado martes, el ministro de Economía Taner Yildiz anunciaba la creación de una mesa que monitorizará las empresas turcas en Siria, así Ankara estrecha el cerco económico del país. Además ha impuesto un embargo de armas sobre Siria y la Confederación de Petróleo Turco (TPAO) anunciaba la suspensión de explotación conjunta de seis pozos en Siria.
El estado turco podría convertirse en una de las regiones más afectadas por el desmoronamiento económico y social de Siria ya que esta constituye el paso para el comercio turco con los países del Golfo. Además los intercambios entre los dos países oscilan los 3000 millones de dólares anuales. Intelectuales del país apuntan además cuestiones políticas, afirman que si se produce una libianización de Siria y el caos se extiende esta situación puede llegar hasta Turquía, así el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) encontraría el ambiente perfecto para incrementar sus acciones políticas.
La actuación de este gobierno para la sociedad civil siria es fundamental. Ankara da refugio a miles de ciudadanos sirios que escapan de la ola de violencia así como a varios oficiales de alto rango que desertaron del Ejército y que coordinan desde allí operaciones de insurgencia. Acoge desde el mes de septiembre al Consejo Nacional de Transición Sirio (CNT), organización que recoge a la mayor parte de la oposición. Uno de los líderes de esta organización, Ryad Shaqfa asegura que los ciudadanos sirios aceptarían la intervención del gobierno turco para protegerles de Bachar El Asad. “Si se requiriera alguna intervención debido a la intransigencia del régimen, los ciudadanos aceptarían la acción de Turquía. Ellos no desean la intervención occidental”.
Los desertores de las Fuerzas Armadas sirias, organizados contra la dictadura tras participar en la muerte de civiles, emprenden una guerra de guerrillas para derribar el régimen de Damasco
http://www.elpais.com/articulo/internacional/mayoria/silenciosa/siria/teme/radicalismo/oposicion/elpepiint/20111120elpepiint_6/Tes
http://internacional.elpais.com/internacional/2011/11/18/actualidad/1321639355_513193.html
http://internacional.elpais.com/internacional/2011/11/18/actualidad/1321636058_820596.html
http://internacional.elpais.com/internacional/2011/11/17/actualidad/1321555306_897915.html










